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jueves, 31 de octubre de 2013

Vuelta al viaje

Vale, bien, aquí estoy. No sé dónde, pero aquí estoy. ¿Quién eres tú y de qué me conoces? Mejor dicho: ¿quiénes sois vosotros y de qué me conocéis? Me habláis como si me conocierais de toda la vida, ¿qué pasa? ¿Qué tipo de realidad es esta? Bueno, afrontemos la situación, pensemos un poco con calma, calma que no existe, calma de la que ahora mismo carezco. ¿Debería inundarme el pánico? ¿Por qué la gente actúa de esa manera? ¿Por qué todo va a cámara lenta? Madre mía, este mundo no es el mío, o al menos no lo recordaba así. Debo buscar un lugar seguro, aquí no estoy a salvo.
Creo que acabo de estar aquí, no lo recuerdo con total precisión. No soy capaz de asimilar lo que me está ocurriendo. Ahora todo va muy deprisa, como si el orden del tiempo se restableciera. Veo risas, luces, caras que conozco y a su lado, caras que no he visto en mi vida. Todo ello converge en un punto que se pierde en el infinito, una luz que me dice "ven", pero no puedo alcanzarla, y me quedo inmóvil, contemplando la utopía de ser absorbido por lo extramaterial.
Vuelvo a ser yo, vuelvo a mis cabales, pero nada está donde lo dejé. Ahora lo que me rodea es un mundo de angustia e incomodidad. Tengo que salir de aquí lentamente, pero con paso firme, porque cada pisada me hace pensar que voy a caer en el abismo. Miro al suelo y todo es lava. ¡Tengo que escapar de aquí! Intento darle brío a mi huida, pero los tambores de un grupo de esclavos de un barco mercante golpean mi cabeza con fuerza. La mano amiga sobre mi hombro se me hace extraña, no me fío de aquel que me sonríe, así que corro, corro con todas mis fuerzas, pero caigo en una espiral de vergüenza mientras todo mi alrededor no ve la gravedad de lo que sucede y permanece impasible y con una felicidad tétrica.
Me quedo sin fuerzas para luchar, y en ese momento, me rindo. Dejo que los demonios vengan hacia mí y me posean, y es en ese momento cuando descargo la maldad que llevo acumulada y el dolor se hace más intenso, todo se acentúa y siento la peor de las sensaciones. Nada exterior importa, en este momento solo existo yo en el universo. Yo y mis demonios.
Todo ha pasado, se han ido. Vuelvo al mundo real, al mundo en el que sé lo que ocurre, sé lo que pasa, y ¡coño! quién eres. Pero déjame descansar, ha sido un día muy duro, y necesito reposo.


miércoles, 23 de enero de 2013

(Te escribo un relato) El viaje a Milán

¡Estrenamos la sección "Te escribo un relato"! La lectora Sandra nos envía este aporte para que le escribamos un relato.
Las palabras son: moda, ira, recuerdos, flores y dibujar
Y la ciudad: Milán
Ale, a escribir!! :) 
Bueno Sandra, espero que te guste lo que he escrito. Sigue visitando la web y participando cada vez que quieras!!


La ciudad de la moda no lo era para ella. Se sentía triste y frustrada, pues tenía que hacer aquel viaje ella sola. Al principio pensó en cancelarlo, pero era demasiado bonito para dejarlo correr, y había dedicado mucho tiempo a planearlo, así que decidió marcharse sola a Milán. A verlas venir.
Recorriendo sus calles, le venían recuerdos a su mente, como si ya hubiese estado allí, y recordaba los ratos que había pasado junto a él planeando el viaje y haciendo visitas virtuales por la ciudad. Su cara no dibujaba una sonrisa... todavía, es más, estaba llena de ira cada vez que pasaba por un lugar y se decía a sí misma: "este zona es la que yo quería ver con él". Ira que se transformaba en rabia, y después en sollozo.
Sin venir a cuento alguno, una pequeña niña que pasaba por allí, vio a la chica llorando, frente a la iglesia de Santa María. Llevaba junto a ella un ramo de flores que seguramente le habría regalado su madre. Se paró junto a la chica y le dijo con un acento italiano, pero que la chica entendió perfectamente: "toma estas flores, a ti te hacen más falta que a mí".
La chica enmudeció ante el gesto de la niña y las aceptó con buen agrado. Como si fuera un ángel, la niña se fue saltando al lado de sus padres, a los que cogió de la mano y se perdieron de la vista de la chica, que todavía no salía de su asombro.
Ya no le importaba Milán, ni le importaba él, ni todo lo que había ocurrido entre ellos. Solo le importaban sus flores, y aquel gesto altruista de la niña que supo ver en ella la grandeza que desprendía y que nada ni nadie merecía sus lágrimas.
"Nunca más", se dijo a sí misma. Nunca más.