martes, 17 de abril de 2012

El penalty

Solo tenía una oportunidad. Una oportunidad mientras todos miraban. Miles de personas clavaban sus ojos en él y millones lo hacían desde sus casas. El pobre muchacho de veinte años llamado a ser una estrella mundial era el encargado de lanzar la pena máxima en el fútbol. Era el minuto noventa y si marcaba, su equipo pasaba a la fase final del torneo más prestigioso al que podía optar un fubolista, pero si erraba, quedaba eliminado. Mientras colocaba el balón en su lugar correspondiente echó un vistazo a su alrededor. Podía notar todas y cada una de las miradas que se le echaban encima, y podía sentir lo que decía cada una de ellas, desde frases de ánimo hasta el más impropio de los insultos. ¿De verdad le merecía la pena todo aquello? Si marcaba se llenaría de gloria y seguramente le aguardaría una carrera llena de éxitos, pero si fallaba, siempre sería recordado aquél momento y no sería capaz de soportarlo. Demasiada presión. Retrocede tres pasos. Mira a la portería sin poder concentrarse en lo que está haciendo. ¿Por qué tanta presión? Es un gesto más, pero están en juego tantas cosas, tantas ilusiones, tanto dinero... Recordó entonces lo que le decía su padre: el dinero es una mentira. ¡Cuánta razón! ¡Pero se hace tanto por el dinero! Inspira hondo, ya sabe para dónde chutará. Mientras toma carrerilla recuerda el campo de su abuelo. Allí solitario encontraba siempre a su abuelo, feliz con lo poco que gastaba, feliz con lo poco que tenía. Cada vez que iba a visitarlo aprendía un secreto más de la tierra. Se recordaba a sí mismo muy feliz en el campo, con los animales y las plantas. Con un silencio sepulcral, reconfortante y reprogramador. Un silencio que decía más que mil libros. Se acerca a la pelota y la lanza hacia el lado derecho. El portero se lanza por el otro lado y el balón entra en la portería. No hay tiempo de remontada. Mientras decenas de miles de personas gritan de alegría, en su cara no hay un atisbo de tal emoción. Había tirado a fallar.

lunes, 16 de abril de 2012

El marco sin cuadro


Era un marco incomparable. Cuando lo terminó, no era consciente de su proeza. Era tan bello que dudaba de su perfección, pero todo el que lo veía, admiraba la obra del joven artesano. Realizado en madera de caoba, el marco, que se extendía tres metros a lo alto por cinco metros a lo ancho era todo un lujo al alcance de muy pocos.
A su alrededor se apreciaba un aura de belleza visible por todos y apreciada desde el más pequeño detalle. El joven autor, un chaval de diecinueve años, estaba orgulloso de su obra. Las autoridades representativas de la sociedad encargadas de la información decidieron pues, hacer pública la obra del muchacho. Tras aparecer en los medios de comunicación más significativos, alcanzó una fama a un nivel estratosférico. En todos los lugares la gente conocía la historia del joven que había realizado un marco perfecto.
Unos años más tarde, cuando fue apagándose su llama, alguien le preguntó: 'realmente, ¿cuál era el objetivo de tu obra? ¿Qué tenías pensado albergar en ese marco?'. El joven (que ya no era tan joven) no supo responder, había pasado tanto tiempo viviendo del marco, que se había olvidado de lo realmente importante: la obra que iba a contener. Ahora, sumido en una llama que le resultaba imposible de avivar, se sintió por primera vez solo.

A veces en la vida nos centramos en perfeccionar los detalles que conducen nuestra vida, y nos olvidamos que tenemos un cuadro que pintar. Nunca descuides lo que te va a ayudar a pintar el cuadro, ni descuides a la gente que te va a ayudar a tan ardua tarea. Un gran cuadro puede permanecer sin marco, pero a un gran marco siempre estará vacío sin un cuadro.

jueves, 12 de abril de 2012

Ni idea


¡Cuántas veces hemos deseado decir eso! ¡Mandarlo todo al carajo y decir: ni idea! ¡Qué losa más pesada es el desconocimiento! Y ¡qué costoso es el proceso que nos ayuda a quitárnosla!
El conocimiento no es un invitado que entra y sale de nuestra mente fácilmente. Es un ser al que tenemos que convencer para que se instale de forma perpetua, y nuestra tarea es la de encontrar las claves para que se instale. No es cosa fácil retener conocimientos, y mucho menos llamar su atención, pues el conocimiento es muy orgulloso, y tenemos que insistirle para que nos haga un poco de caso.
¿Por qué entonces tenemos la necesidad de albergar en nuestra mente a tal engendro egocéntrico? La única razón por la que tenemos que albergarlo, es por nuestra condición de ser humano. Necesitamos sentirnos humanos, y para ello debemos ejercitar el órgano por el cual se nos distingue del resto de las bestias: el cerebro.
Es posible que el aprendizaje sea costoso, pero la recompensa de aprender cosas nuevas es mucho más gratificante, siempre que lo que aprendamos sea útil para nuestro día a día.
Es por eso que el pobre post de hoy va dedicado a la gente que se esfuerza por aprender cosas nuevas. Que nunca desesperen, pues la llave que abre la puerta del conocimiento puede confundirse con la de la pereza y la vagancia, pero la recompensa de ambas es tan diferente como los conceptos de día y noche.

martes, 10 de abril de 2012

No encajar


¿Os suena esa sensación? Situación: hay una habitación/sala con gente que no para de hablar o de actuar con sus cosas y tú deberías hacer lo mismo que ellos, lo haces, pero no te sientes bien. Miras a tu alrededor y sientes que todo el mundo está contento con lo que hace o habla, entonces te paras, te callas, y te limitas a escuchar o a pensar en tus cosas. En ese momento miras alrededor de ti. La habitación se hace más pequeña, y tienes la sensación de que quieres salir de ahí como sea, pero no puedes, porque estás obligado a permanecer ahí. Entonces empieza el malestar, la ansiedad, quieres engancharte a la conversación, pero no puedes, porque sientes que no puedes aportar nada que no se haya dicho ya. El resto sigue a lo suyo, sin importarle que tú estés en un rincón sin decir nada, están realizando lo que quieren en ese momento y no van a romper ese climax intentando ayudar a alguien que no quiere participar en su ambiente.
Encajar no debería de ser complicado. No debería ser forzado, así que cuando nos encontremos en una situación similar a la descrita anteriormente, significa que no encajamos en ese sitio, y que quizá deberíamos buscar otro lugar en el que nuestras ideas y nuestros actos se encuentren en su hábitat natural.
¿Debemos por ello rechazar todo lo que no encaje con nosotros? Puede que sea una de las claves de la felicidad, o puede que el hecho de no encajar en un sitio, nos haga valorar más los sitios en los que encajamos. Yo soy más de los que piensan que es una de las claves de la felicidad, debemos encajar socialmente en el día a día de nuestra vida, y dejar para los favores los lugares donde no encajemos: favores a un amigo, pareja, familiares, etc. de manera que no encajando, nos sintamos bien con nosotros mismos.
La búsqueda de la felicidad no ha de ser difícil, y si nos ponemos trabas desde un principio, lo único que haremos será hacerla mucho más complicada.

jueves, 5 de abril de 2012

Aburrimiento

¿Es el aburrimiento una de las peores sensaciones que existen? Si analizamos un poco la sensación de aburrimiento, observamos que hacemos todo lo posible por evitarlo, no así con otras sensaciones. El problema del aburrimiento es que inconscientemente sabemos que estamos perdiendo el tiempo, y no nos gusta. Por eso existen tantas aficiones absurdas, y llenamos nuestro tiempo libre de actividades sin sentido e inventadas, para perder la noción de que estamos tirando el tiempo por la basura. Pero, ¿por qué nos importa tanto aprovechar el tiempo? ¿Por qué no nos tomamos el hecho de que no tengamos nada que hacer como una actividad? Todo sería diferente, ¿verdad? Podríamos pasar una tarde sin hacer otra cosa que respirar y sentirnos perfectamente. Supongo que nos gusta contarle a todo el mundo las cosas que hacemos, para dar envidia, o para generar reconocimiento, tal y como comentaba en uno de mis anteriores posts. Otra explicación es que al ser humano le gusta sentirse útil para el entorno en el que vive. Es más, quiere sentirse destacado dentro de ese mismo entorno, y si está sin hacer nada, evidentemente, no podrá destacar dentro de la mayoría. Una de las posibles salidas que tiene una persona aburrida es hacer un blog de vivencias y ocurrencias, como aquí el que escribe. Práctica recomendable.

miércoles, 4 de abril de 2012

Sobre la confianza


La confianza da asco, o al menos eso es lo que dicen. ¿Hasta qué punto podemos afirmar tal sentencia? Es decir, ¿en qué momento una persona cruza el umbral de la confianza para que consideremos que se ha pasado de la raya?
Podemos analizar un poco el sentido de la confianza, porque si lo pensamos un poco, la culpa de que la frase inicial sea cierta, la tenemos en gran parte nosotros. Dos personas no confían entre ellas si no hay consentimiento mutuo de ambas partes. En el momento en que una de las dos personas quiere dejar de tener confianza, se nota, y es fácil de transmitir al otro sujeto. Siendo las cosas así, ¿por qué continuamos ofreciendo cada vez más confianza? Creo que la razón por la que lo hacemos es porque nos gusta sentir que alguien en quien confiamos, tiene sentimientos recíprocos hacia nuestra persona.
Ahora bien, ¿cuál es el límite? ¿Cuándo nos cansamos de esa confianza? Nos cansamos de la confianza cuando la otra persona cree tener más confianza (valga la redundancia) que la que le hemos dado. Entonces, ¿es posible que el azar pueda jugar en este partido? Puede jugar, y encima lo hace de titular indiscutible, de hecho, una relación (ya se sentimental o de amistad) puede salir bien o mal si coincide que la confianza que se dan entre las dos personas es proporcional y ocasional, es decir, estar en el lugar adecuado y en el momento adecuado. Y eso amigos míos, es azaroso a más no poder.
Dos personas pueden ser los mejores amigos en ciertas circunstancias, y ser los peores enemigos en otro contexto, siendo ambas personas las mismas en todo momento, me explico: dos personas se conocen viendo un partido de fútbol en un bar y cada uno es de un equipo, normalmente se mirarán el uno al otro con desprecio, y puede que lleguen a enfadarse. Sin embargo, en ese mismo bar, pueden coincidir sin aspectos que choquen entre ellos, y crear una relación sólida en la que a pesar que difieran en otros términos, se pueda pasar por alto. Eso es azar.
La confianza da asco. Sí, es posible. Pero a la próxima seguro que sale mejor.

lunes, 2 de abril de 2012

La persona adecuada


¿Cuándo sabes que has encontrado a la persona adecuada? ¿En qué momento dices: vale, he dejado de buscar?
Es verdad que el ser humano es capaz de amar pero, ¿hasta cuándo? ¿Es posible que pensemos que hemos encontrado a la persona adecuada, pero en realidad nos equivoquemos, como seres errantes que somos? ¿Es posible que nuestro cerebro, harto de buscar y no encontrar, acepte a esa persona que pensamos que amamos, pero que en realidad solo es un espejismo de nuestra desesperación?
La respuesta es mucho más simple que la pregunta: cuando de verdad has encontrado, lo sabes. Y punto.
Si eres capaz de en cualquier momento de echar un vistazo a tu lado y nunca arrepentirte, lo sabes. Si en cualquier momento piensas que no te has equivocado, lo sabes. Si te hace sentir cosas que nadie te hace sentir, lo sabes. Si aun tienes mariposas en la barriga cada vez que abrazas, lo sabes. Si cinco minutos son suficientes para alegrarte el día, lo sabes. Si no imaginas la vida con otra persona, lo sabes. Y si lo darías todo sin excepción, por que sea feliz, entonces amig@ lector, lo sabes.
Cualquier atisbo de arrepentimiento es síntoma de que no has encontrado lo que buscabas, es por ello que me reafirmo en decir que cuando has encontrado, lo sabes. Y cuando lo sabes, no tienes la menor de las dudas.